Al alma humana, cuando ha sido profundamente seducida por Dios, le nacen alas del alcance del mundo, y con tal de estar con su Señor, es capaz de trasponer montañas y mares, recorrer ciudades y ríos; no teme al ridículo; no hay sombras que la asusten ni fronteras que la detengan.
Ignacio Larrañaga.
El Hermano de Asís.
Ed. Paulinas, Madrid 1990
11a. edición.
Pag. 43.
Ignacio Larrañaga.
El Hermano de Asís.
Ed. Paulinas, Madrid 1990
11a. edición.
Pag. 43.